Revista La Rana
Giles Weaver (fragmento)
Mark Phillips

Traducción de Giselle Lucchesi



    La fama de Salinger terminó estando basada tanto en su silencio como en su obra publicada. Más allá del fenomenal suceso de su única novela, El guardián entre el centeno, y su colección de cuentos, la fascinación con el aislamiento autoimpuesto de Salinger, tanto de la mirada pública como de la escena literaria, ha ido gradualmente ensombreciendo su genio literario. En una época de publicidad y moda, Salinger sigue siendo un enigma.
    Han pasado 20 años desde que los lectores tuvieron alguna noticia de Holden Caulfield o de la familia Glass. En cambio, el autor permanece recluido en su casa de New Hampshire, exigiendo privacidad y comprensión. Insiste en que sigue escribiendo, pero considera la posibilidad de publicar como una invasión a su privacidad.
    Salinger comenzó en 1940 como escritor de relatos breves publicando su trabajo en revistas como Esquire, el Saturday Evening Post y el New Yorker. En 1951 publicó El guardián entre el centeno, aclamada tanto por el público como por la crítica. Las reseñas negativas que criticaban un lenguaje vulgar, monotonía y egotismo fueron superadas por críticos y fanáticos que encontraron en la novela la voz –y el tono de voz– de una nueva generación. El guardián fue impreso en grandes tiradas. Los lectores jóvenes idolatraron al escritor de “su” generación casi como en un culto.
    Sin embargo, Salinger se puso cada vez más incómodo con esta creciente notoriedad. A medida que se hacía más conocido, menos quería ser visto en público, o incluso en libros. Veía la publicidad como una distracción de su trabajo. Deseando no ser molestado, se mudó de Westport, Connecticut, a una casa aislada cerca de Cornish, New Hampshire. En 1951 le concedió una entrevista a una alumna de un colegio local que escribía para un pequeño periódico de la zona, el Claremont Eagle. Desde entonces, Salinger no volvería a hablar con la prensa hasta 1974.
    En los años siguientes a la publicación de El guardián, Salinger publicó solamente un puñado de relatos. Críticos y lectores comenzaron a impacientarse por su falta de material. Tampoco sus temas, gradualmente más místicos y subjetivos, proporcionaban el encanto y la gracia de sus primeras historias. Sus habilidades narrativas permanecían, pero la pregunta que surgió fue si se había quedado sin nuevas cosas para decir. El crítico William French escribió: “su reciente ficción se ha vuelto más afectada”. R.D. Gooden comentaba: “la vieja habilidad –los métodos, locuciones y manierismos– está intacta, pero la materia, nunca abundante, parece haberse agotado”.
    Tres de los libros de Salinger (publicó solamente cuatro) se siguen vendiendo bastante bien en la actualidad. Su último trabajo publicado, al menos bajo su propio nombre, apareció en el New Yorker (“Hapworth 16, 1924”) en 1965.
    Incluso antes de 1965, John Updike sugirió que el giro artístico de Salinger hacia la introspección podría desembocar en el silencio. Mientras El guardián entre el centeno es picaresca, gran parte de Franny y Zooey está confinada a una sola casa; y mucho de Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: Una introducción no es más que divagaciones de un personaje particular. “Hapworth 16, 1924” se acerca a la autoparodia, y aparentemente dejó una estela de silencio.
    La reclusión de Salinger ha conducido, quizás inevitablemente, a fabulaciones e historias falsas. En 1974 se publicaron miles de copias de una colección no autorizada de sus primeros cuentos. Salinger respondió a esta edición pirata demandando al editor y a las librerías involucradas. Una historia anónima –“Para Rupert: sin promesas”– en la edición de febrero de 1977 del Esquire fue ampliamente atribuida a Salinger. Cuando la publicidad alcanzó su punto más alto, el editor de la revista reveló que él mismo era el autor del relato.
    En 1981, el New York Times Book Review informó acerca de un rumor según el cual Salinger estaba publicando bajo el nombre de William Wharton. Wharton resultó ser un autor real que cuidaba su privacidad casi tanto como el mismo Salinger. Al año siguiente, Salinger demandó a un hombre llamado Steven Kunes por intentar vender una falsa entrevista a Salinger.
    A lo largo de los años la gente ha tratado de hablar con Salinger cuando sale a buscar su correspondencia o a hacer compras en Cornish; a la mayoría le ha pedido que se retire y que lo deje en paz.
    Sin dejar de ser consciente de las dificultades involucradas en semejante especulación, me parece que existe una fuerte evidencia estilística y circunstancial de que en 1970 y 1971 Salinger podría haber publicado dos extensas obras bajo el nombre de Giles Weaver en una revista literaria cuatrimestral llamada Phoenix.

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