Revista La Rana
La gente joven (fragmento)

por J.D. Salinger

Traducción de Marcos Carmignani


    Cerca de las once, Lucille Henderson, viendo que su fiesta estaba llegando a la altura apropiada y que Jack Delroy le había sonreído, se forzó a mirar hacia donde estaba Edna Phillips, que desde las ocho había estado sentada en el sillón rojo, fumando, saludando al estilo tirolés y con unos ojos llenos de vida que los chicos no se molestaban en notar. Mientras miraba en la misma dirección, Lucille Henderson suspiró tan fuerte como lo permitía su vestido, y después, frunciendo el ceño, recorrió con la mirada la habitación donde estaban los chicos ruidosos que ella había invitado a tomarse el whisky de su padre. Entonces, de repente, silbó hacia donde estaba sentado William Jameson Junior, que se estaba comiendo las uñas y estaba mirando fijamente a una rubiecita sentada en el piso con tres chicos de Rutgers.
    –Hola– dijo Lucille, agarrando del brazo a William Jameson Junior. –Vení. Hay alguien que quiero que conozcas.
    –¿Quién?
    –Esta chica. Es bárbara–. Y Jameson la siguió a través de la habitación, mientras intentaba sacarse una pielcita del pulgar.
    –Edna– dijo Lucille Henderson, –me encantaría que conocieras a Bill Jameson. Bill, Edna. ¿O ya se conocen?
    –No– dijo Edna, sin perder detalle de la gran nariz de Jameson, de su boca fofa, de sus hombros estrechos. –Estoy encantadísima de conocerte– le dijo.
    –Yo también– contestó Jameson, comparando mentalmente todo lo de Edna con todo lo de la rubiecita del otro lado de la habitación.
    –Bill es amigo de Jack Delroy– informó Lucille.
    –No lo conozco tanto– dijo Jameson.
    –Bueno. Me tengo que ir. ¡Nos vemos!
    –¡Pará un poco!– le dijo Edna cuando Lucille se iba. –¿No te querés sentar?
    –No sé– dijo Jameson. –Estuve sentado casi toda la noche.
    –No sabía que eras amigo de Jack Delroy– dijo Edna. –Es una gran persona, ¿no te parece?
    –Sí, es un buen tipo, supongo. No lo conozco tan bien. Nunca salí mucho con su grupo.
    –¿En serio? Creí que había escuchado decir a Lu que vos eras amigo de Jack.
    –Sí, lo dijo. Pero no lo conozco tan bien. En realidad me tendría que estar yendo a casa. Se supone que tengo que terminar un trabajo para el lunes. Todavía no volví a casa este fin de semana.
    –Uh, ¡pero la fiesta recién empieza!– dijo Edna. –¡La noche está en pañales!
    –¿Qué?
    –La noche está en pañales. Quiero decir que es temprano todavía.
    –Sí– dijo Jameson. –Pero ni siquiera iba a salir esta noche. Culpa de ese trabajo. En serio. Todavía no volví a casa este fin de semana.
    –¡Pero es tan temprano!– dijo Edna.
    –Sí, ya sé, pero…
    –Bueno, ¿sobre qué es tu trabajo?
    De repente, desde el otro lado de la habitación, la rubiecita se rió histéricamente; los tres chicos de Rutgers la imitaron para caerle bien.
    –Digo que sobre qué es tu trabajo– repitió Edna.
    –No sé– dijo Jameson. –Sobre una descripción de una catedral. Una catedral en Europa. No sé.
    –Bueno, ¿qué tenés que hacer?
    –No sé. Se supone que tengo que hacer una crítica, algo así. Ya la tengo escrita.
    De nuevo a la rubiecita y a sus amigos les dio un ataque de risa.
    –¿Criticarla? ¿Entonces la viste?
    –¿Ver qué?– dijo Jameson.
    –Esa catedral.
    –Yo. Qué mierda, no.
    –¿Entonces cómo podés criticarla si no la viste?
    –Ah, sí. No la hice yo. Fue un tipo el que la escribió. Se supone que yo tengo que criticarla a partir de lo que él escribió, algo así.
    –Mmm..., ya veo. Suena difícil.
    –¿Qué querés decir?
    –Digo que suena difícil. Ya sé. Ya renegué bastante con ese tipo de cosas.
    –Sí.
    –¿Quién es la rata que lo escribió?– dijo Edna.
    De nuevo exuberancia desde el escenario de la rubiecita.
    –¿Qué?– dijo Jameson.
    –¿Quién lo escribió?
    –No sé. John Ruskin.
    –Uh, estás hasta las manos.
    –¿Qué decís?
    –Que estás hasta las manos. Digo que ese tipo de cosas es difícil.
    –Sí. Supongo.
    –¿A quién estás mirando?– dijo Edna. –Conozco a la mayoría del grupo que está acá hoy.
    –¿Yo?– dijo Jameson. –A nadie. Me parece que voy a tomar algo.
    –Sí, me sacaste las palabras de la boca.
    Se levantaron al mismo tiempo. Edna era más alta que Jameson, y Jameson era más bajo que Edna.
    –Creo– dijo Edna –que hay algo afuera, en la terraza. Aunque sea algo para tomar. No estoy segura. Podemos ver. Además podríamos tomar un poco de aire fresco.
    –Bueno– dijo Jameson.

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