Revista La Rana
Cuestionario LA RANA
Responde: DAMIÁN TABAROVSKY (fragmento)


–¿Cuál es a su entender la importancia de la obra de Macedonio Fernández en la literatura argentina?
–Operan sobre Macedonio dos mitos: uno, creado por Borges, que valora su conversación, su oralidad, antes que su escritura. Es un mito, es decir, una versión, porque no podemos saberlo, nunca lo escuchamos hablar, ni reír, ni conversar. El segundo, el ser un escritor sin obra: alcanza con ver la cantidad de tomos de sus obras completas y correspondencia, para desechar esa leyenda.
Desconfiando entonces de esa doble trampa, Macedonio me parece el gran escritor ilegible de la literatura argentina, y allí seguramente reside su encanto, o su mérito, o su actualidad.

–César Aira
–Retomando y extremando la tradición de la vanguardia que descree de las categorías de alto y bajo, culto y popular, y hasta de las propias ideas de calidad literaria y de talento, la obra de Aira puede leerse como la gran manifestación argentina del arte conceptual. Por eso sus “malas novelas” o la dispersión de su obra (un libro en Mondadori, el otro en Belleza y Felicidad, y así sucesivamente) son necesarias a su sistema. Es más, esas “malas novelas” son su sistema. Su obra necesita que extraordinarios textos (como al menos 20 de sus libros) se entremezclen con otros fallidos (como el Barbaverde, por ejemplo), porque el arte conceptual va más allá de esa diferencia entre lo bueno y lo malo, entre lo bien terminado y lo fragmentario. No hay demasiadas experiencias similares a la suya, y eso lo vuelve irremediablemente original.

–Adolfo Bioy Casares
–Nunca le encontré demasiado interés. Pero mi idea cambió con su Borges, que es un destilado de malicia extraordinaria. Una obra maestra.

–Osvaldo Lamborghini
–Leyendo su biografía llegué a una conclusión, que ya sospechaba: no era alguien muy interesante. Más bien lo contrario: antes de “El fiord” era un personaje atrapado por lo más obvio e irrelevante de su época. Luego de “El fiord” se (auto)designó como mito, adulado por una claque de amigos que le festejaban sus ocurrencias, cartas y declaraciones de un modo acrítico. Pues, la pregunta misteriosa es: ¿cómo alguien sin atributos pudo escribir una de las más grandes obras de la literatura argentina de la segunda mitad del siglo XX? Quizá justamente por eso: porque para escribir una obra maestra no hace falta ser alguien especialmente talentoso, ni dotado, y ni siquiera culto. Allí se esconde una fatalidad, de la que Lamborghini es su principal exponente.

–Ernesto Sábato
–Criticarlo es un lugar común, elogiarlo es imposible. Pues: El túnel es mucho mejor que cualquier libro de Cortázar.

 


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