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'EL QUIJOTE' O LA MALA CONCIENCIA DE EUROPA (fragmento) Por José Luis D'Amato
La autobiografía psicológica es un género que apareció relativamente tarde en la literatura. Pertenece a los tiempos del descubrimiento paulatino del cuarto continente, de los mares y del planeta, a los tiempos de la divulgación popular de la misma noción de "planeta". Recién entonces el hombre europeo volvió los ojos hacia sí, hacia lo que estaba sucediendo en su mundo interior; aparecen los Kierkegaard, los Nietzsche, los Freud, los Sartre y, acaso el primero de todos, aparece un Jean-Jacques Rousseau: "Emprendo una obra de la que no hubo jamás ejemplo y cuya realización no tendrá imitadores. Quiero mostrar a mis semejantes a un hombre en toda la verdad de la naturaleza, y ese hombre seré yo". Primeras palabras de las Confesiones de Rousseau que son precedidas por una cita: intus, et in cute, "interiormente, y bajo la piel", a su vez núcleo de la frase te intus et in cute novi, "te conozco como si te hubiera parido". El hombre europeo revolviéndose sobre sí mismo por primera vez. En los tiempos premodernos no se encuentran siquiera vestigios de esa actitud: las Confesiones de Agustín de Hipona, por ejemplo, pertenecen a un género autobiográfico no psicológico; un género "modélico" dirigido a la comunidad e impulsado por una intención de transformación de la sociedad a imagen y semejanza de una íntima transformación individual. Pero lo que Jean-Jacques y continuadores necesitan es confesar, a causa de un malestar irreprimible; y la suma de esos malestares coincide, hasta en los detalles, con lo que luego fue conocido como el "malestar de la cultura": "Que la trompeta del juicio final suene cuando quiera; yo iré, con este libro en la mano, a presentarme ante el juez supremo. Diré resueltamente: ‘Esto es lo que he hecho... Ser eterno, reúne en torno mío a la innumerable multitud de mis semejantes; que escuchen mis confesiones, que giman con mis indignidades y se avergüencen de mis miserias. Que cada uno de ellos descubra a su vez su corazón con la misma sinceridad’". Parecen éstas palabras también modélicas para un Stendhal, un Tolstoi, y para todos aquellos que siguieron la senda (valiente) de Rousseau de vaciarse públicamente a la espera de que los demás hagan lo mismo; que mitiguen del mismo modo la presión de una mala conciencia. ALGUNAS LÍNEAS PROBABLES Hay líneas marcadas y (bien) enmascaradas que vertebran la creación de esta conciencia; con señales, signos y síntomas. En el siglo y medio anterior a las Confesiones de Rousseau se concibió y engendró una nueva manera de novelar. Siempre surgen cosas extraordinarias cuando el genio de un hombre se combina con el genio de la época. De esta combinación, al hacer su obra el hombre no tiene conciencia. Casi podría decirse que empieza a adquirirla recién cuando recibe las repercusiones de lo que hizo, pero únicamente podrá hacerse clara en el curso de las generaciones, en otras conciencias, en tanto se va desplegando el genio de la época. Al asumir Cervantes el anhelo creador de su tiempo acaso sin clarividencia alguna, apareció un inesperado modo de novelar que aún mantiene vivo y en la oscuridad su poder germinador: El Quijote de la Mancha. ¿De qué tierra nació Don Quijote? América fue para Europa un sueño de exuberancia que después se convirtió en realidad –mezquina e insípida–. Veamos a esos "fidalgos" corriendo tras múltiples espejismos y Dorados; a esas existencias en tránsito permanente al paso de sus cabalgaduras; veamos las búsquedas fructuosas de ínsulas despobladas o despoblables donde pisar, gobernar y fundar utopías. Hay dos hechos en la biografía de Cervantes que trasuntan que América debió haber sido la circunstancia o el entorno implícito del Quijote. Es sabido que Cervantes mantuvo desde joven un entusiasmo un poco desmedido por el poema La araucana de Ercilla publicado en 1569. Y que vuelto a España, ya maduro después de Lepanto y los años en calabozos moros, pretendió pasar a las Indias Occidentales, según consta en un memorial, y fracasó reiteradamente. (A veces pienso que la ilusión novelesca es imposible sin "frustración + anhelo", y que cuando uno de estos dos términos falla, o cuando ambos son pobres y escasos, la novela no acumula tensión suficiente; el resultado no es veraz o no es verosímil. Es ella y también su circunstancia, siempre sospechosa. Su muerte puede sobrevenir por "sobrecargas de frustraciones + ausencia de anhelos". No se daba esta situación en Cervantes autor del Quijote; porque en momentos de escribir la primera parte él tenía sobrecarga de frustraciones + sobrecarga de anhelos, cosa que ahora parece casi inimaginable –y no porque falte hoy sobrecarga de frustraciones–). El lector de aquel nuevo libro que se publicaba en 1605 debió encontrarse por un lado con un fondo novelesco de acontecimientos y códigos sociales muy familiares y con personajes secundarios cercanos a su propia experiencia, pero debió enfrentarse por otro lado a una criatura inaudita que, si bien no podía captar a partir de ningún precedente, no obstante lo capturaba. Dos o tres siglos después la situación se invierte. Aquella estrambótica criatura de ficción ya le resultaba familiar al lector, mientras que lo que le parecía francamente extraño y ajeno era el mundo presentado por el autor, las situaciones, los códigos y los personajes entre los que el lector ve desenvolverse a Quijote-Sancho. Esta inversión fondo-figura, donde lo cóncavo se torna convexo y en primer plano, y viceversa, no es una ilusión óptica de la historia; es la evidencia de la creación y posterior desarrollo avanzado de la Persona. La Persona no pudo haberse visto a sí misma en El Quijote cuando estaba naciendo, pero ella sí vio al Quijote, siglo tras siglo, con ojos que fueron renovándosele. De la sorpresa ingenua ante su comicidad pasó al goce cómplice de la sátira seria; de intentar desentrañar sus arcanos espirituales pasó a reconocer en la obra un clásico de la compleja y caótica naturaleza humana. Acercamientos e interpretaciones que persisten hasta nuestros días, y que coexisten en los ojos-memoria de la Persona. Pero de entrada de nada le hubiera servido la clarividencia a un lector de 1605; la Persona se actualiza en el tiempo, y los cambios seculares de interpretaciones reflejan el desarrollo de sus ojos y su memoria. Cuando apareció la novela, un lector sensible a lo sumo debió haber sentido un punto de partida, un germen de futuro, en aquel momento en que Alonso Quijano asume su nueva personalidad. Uno de los trucos de Cervantes tiene que ver con lo siguiente. Quijano era un soldado apacible, de muy ordinario pasar, a quien sus vecinos apodaban "el Bueno"; un hidalgo de aldea con la cabeza llena de libros de caballería pero cuerdo, de una predecible cotidianidad. De repente su estrecho mundo se expande y deja de ser "el Bueno" para todos para convertirse en el de "la Mancha". No estaba preparado para este cambio súbito; su personalidad sólo contaba con los atributos medievales de la santidad y la heroicidad, o sea, con la cruz y la espada. Esa variante de Cristo jinete ha de volcarse, con valores anacrónicos, a una causa que lo sobrepasa, en medio de una sucesión de espacios físicos que lo superan y que le (mal)traen impredecibles situaciones. De la circunscripta aldea, abruptamente a un desconocido, ampliado y extraordinario mundo. Se ha puesto en movimiento la Persona, caballero de triste figura. Aquellos lectores de 1605, dada la estructura de esa novela, ¿cómo no iban a entrar en resonancia con ella? Ya había pasado un siglo de aventuras y desventuras en América y alrededor del planeta y sobre las infinitas aguas. ¿Cómo domar la imaginación que se desboca y cómo manejar el destierro en esta Tierra? Un siglo entero de esforzar la conciencia europea para que ésta pase, de la arraigada creencia de estar habitando un plano de bordes difusos pero limitado, a la súbita demencia de tener que acomodarse a, y temer perderse en, una enormidad esférica y por ello ilimitada. Novela-Persona-Planeta. Tres nacimientos. En orden sucesivo: P.N.P. Durante todo ese siglo 16 eran tres los ítems principales que en los barcos refluían de América a Europa: los metales preciosos, las nuevas plantas y semillas, y la mala conciencia. Unos hicieron crecer la inflación, las otras la población, y la última la Persona. Nacido el Planeta, nace la Persona y renace la Novela. |
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