Revista La Rana
Cuestionario LA RANA
Responde: SERGIO GAITERI (fragmento)


-¿Cuáles son para usted los escritores más importantes después de Borges? ¿Por qué?
–Desde mi punto de vista y mis afinidades estéticas e ideológicas (hecho, por supuesto, de absoluta intrascendencia), es decir, desde el realismo en términos de Hegel vía Lukács, no hay demasiado para optar en la historia de la literatura argentina. Momentos de Arlt cuando no se pone en actitud evangélica y apocalíptica. Daniel Moyano cuando no quiere parecerse a Kafka. La prosa mansfieldiana de Haroldo Conti. La severidad del estilo de Di Benedetto. En otras corrientes, en otros caminos estilísticos y genéricos, bastante apartados de mi habitual búsqueda literaria, puedo decir que me siento feliz de haber leído con inconciencia la novela Eisejuaz de Sara Gallardo, y que cualquier línea de Viel Temperley me conmueve.

-¿Cuál le parece el libro de Borges menos importante? ¿Por qué??
-Creo que la poesía de Borges en general, tan cursi y anticuada para sus sucesivas épocas, revela y complementa ese grado de ingenuidad señalado anteriormente.

-¿Cuál es a su entender la importancia de la obra de Macedonio Fernández en la literatura argentina?
-Macedonio Fernández alimenta la posibilidad de los que dicen ser escritores y adoptan la pose, el aura, la actitud sabionda y epicúrea, pero les cuesta sentarse media hora a trabajar frente al teclado. Es un conservador, uno de los minadores del poder mimético o refractario de lo real, representación socialmente simbólica (o como se quiera denominar) del discurso narrativo.

-Ricardo Piglia
-Un escritor para escritores... que escriben sobre escritores.

-Juan José Saer
–Lukács otra vez: narrar, no describir. Y, cuando entran en escena los paisanos de su peculiar Litoral para franceses del nouveau roman, en los diálogos parece que vinieran de tomarse unos mates y leer la Fenomenología de Husserl.

-Rodolfo Walsh
-Hay varios Walsh. El de los policiales a la Holmes. Un escritor con problemas de lógica. Algo poco importante. El de la serie de los cuentos irlandeses, rico en situaciones narrativas, evocativo y lírico, pero con un estilo todavía medio barroco que embarulla las tramas. Sobre el Walsh de “Esa mujer” ya se ha dicho demasiado. Y por último el de la trilogía de no ficción, que encuentra una potencia de estilo genial, basada en la austeridad, en el planteo de un signo “semióticamente poco saturado”, diría Yuri Lotman. Quizás una casualidad. Supongo que el género y el objetivo político inmediato le impusieron ese tipo de sintaxis, ese logro del idioma castellano.

 

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