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ENTREVISTA A JONATHAN ROSENBAUM (fragmento) Por Roger A. Koza
A diferencia de Bazin y Daney, Rosenbaum está vivo y en plena actividad. Su columna semanal en el Chicago Reader, desde que está disponible en Internet, es un lugar obligado de lectura para todos aquellos que no viven en Chicago pero que entienden que la mirada de este crítico, siempre curioso y dispuesto a polemizar con la ortodoxia cinematográfica, es lúcida y vital para entender el cine en la actualidad. Rosenbaum ha intuido desde el inicio de su carrera como crítico y amante del cine una concepción del cine en donde éste es un sistema abierto de conocimiento, un suplemento del mundo. La vieja idea de Langlois, la del cine como la universidad del pueblo, bien condensa parte del trabajo de Rosenbaum, aunque también su trabajo ha sido político, si se entiende por esto el esfuerzo constante de su escritura por dar visibilidad y hacer público un cine que queda relegado de la selección no natural del mercado. Rosenbaum es uno de los pocos críticos que han advertido el problema del canon en toda su profundidad, algo que excede las listas anuales de las 10 mejores películas propiciadas por las revistas especializadas. Se trata de pensar, elegir y promulgar un conjunto abierto, compuesto por películas desmarcadas de una tradición específica, siempre revisable y susceptible de ser retomado para cambiarlo, que pueda entonces delimitar y dar cuenta de qué es el cine. Nuestro diálogo comenzó una noche en Mar del Plata, en marzo del 2006. Quintín y Flavia de la Fuente estaban también presentes. Empezamos hablando de dos cineastas cuyas películas, lógicamente, podrían formar parte de un canon alternativo. Eran dos mujeres, una rusa y otra iraní: Kira Muratova y Forough Farrokhzad. Gracias a Rosenbaum conocí a ambas realizadoras. Y es, en definitiva, lo que verdaderamente importa cuando se trata de la conformación del canon: descubrir y difundir películas no muy conocidas que pueden afectar y expandir nuestra percepción del arte cinematográfico. RK: Veo un tipo de lógica secreta (o no tan secreta), si uno sigue los últimos libros que usted ha publicado. Desde Guerras del cine y el libro sobre Kiarostami de título homónimo, pasando por Movie Mutations hasta llegar a su Essential Cinema, toda su obra recientemente publicada parece estar dedicada a problematizar el concepto de canon. ¿Por qué debemos interesarnos por este concepto de raigambre religiosa, confiscado por la estética, y más precisamente apropiado por la crítica literaria? ¿Cuál es la relevancia de pensar acerca del canon dentro del campo específico del cine? JR: Una de las razones, que tiene cierto peso en la actualidad e implica una nueva situación para el cine, es la inesperada disponibilidad de cientos de títulos, ahora editados en DVD, que no solían estar al alcance del espectador común. Esto es novedoso para la propia historia del cine. Potencialmente, el público, desde cualquier parte del mundo, puede acceder a cientos de películas, y subrayo el carácter potencial debido a los precios de los DVD, que son a veces excesivamente caros. Y la consecuencia inmediata es que el espectador puede quedar abrumado a la hora de elegir debido a un exceso en la oferta. Por lo tanto, creo que brindar una orientación se vuelve una tarea importante, pues hay demasiadas opciones. Otra de las razones, y quizás debería haber empezado por ella, que me acompaña desde el nacimiento de mi interés por el cine, es que para mí siempre ha sido muy importante la confección de listas de las mejores películas.Y he escrito cuán importante y educativa fue en su momento la lista de los críticos de la revista inglesa Sight and Sound sobre los diez mejores films, que empezó en 1962 y coincidía con el despertar de mi interés por el cine. Irónicamente, cuando recuerdo aquel tiempo, la situación no era muy diferente de la actual. Quiero decir que cuando el cine empezaba a cautivarme, los libros de cine en inglés prácticamente no existían. Por supuesto, uno podía leer The Liveliest Art, de Arthur Knight, The Film Till Now, de Paul Rotha, The Rise of the American Film, de Lewis Jacobs. Recién se publicaban los libros de James Agee, y esto era todo lo que había. Por lo tanto, si uno quería aprender y cultivarse, la situación no era precisamente ideal. Como muchos cinéfilos, tras ver por primera vez El ciudadano Kane quedé fascinado. Quise entonces saber qué decía Arthur Knight, quien afirmaba: "En fin, un típico film que impresiona a la audiencia que nada sabe de cine. En verdad, se trata, en términos cinematográficos, de una película nula". Y luego leí The Film Till Now, en una nueva edición al cuidado de Richard Griffiths, y era tan sólo un ataque contra El ciudadano Kane. Y así no pude encontrar ningún análisis favorable. En la actualidad, hay muchos libros en donde buscar y constatar. Pero, nuevamente, puede que haya demasiados. Por consiguiente, se repite paradójicamente la misma situación: estamos entre la insuficiencia y la profusión. Poco o mucho para elegir. Por esta razón, se vuelve relevante intentar ofrecer una especie de guía. Hubo un artículo que publiqué en el Chicago Reader que resultó ser el más leído. Se trataba de un ataque a la lista de las 100 mejores películas estadounidenses propuesta por el American Film Institute (AFI). Entendí que esto importaba a muchos lectores, pues había una respuesta ostensible a mi cuestionamiento. Así que decidí capitalizar todo eso de un modo diferente. En términos hollywoodenses: mi libro Essential Cinema es una suerte de secuela de aquel artículo. RK: De todos modos, usted ha ido un poco más lejos, pues si bien ha escrito una lista alternativa sobre las 100 películas más importantes de los Estados Unidos, una réplica que propone otro canon al celebrado por la AFI, usted ha dado un paso más allá y ha intentado concebir una lista de películas representativas del cine mundial. En ese sentido, a diferencia de Harold Bloom y su archiconocida obra El canon occidental, libro seminal en el campo de la literatura, el suyo excede el dominio de Occidente. Además, visto desde una perspectiva cultural, esto parece ser una elección extraña para un crítico estadounidense. JR: Sí, primero propuse una lista alternativa a la que consagró la AFI. Con respecto a mi lista propuesta en Essential Cinema: por supuesto, como ocurre con los estadounidenses, yo podía ser acusado de querer conquistar el mundo entero. Así que de entrada sabía que buscaba un canon más allá de la visión chauvinista propia de muchos colegas. Quizás por ello mantuve un debate amigable con Adrian Martin hacia el final del intercambio epistolar que constituye Movie Mutations. Martin sostenía que los críticos occidentales suelen imponer sus propios parámetros críticos sobre las culturas foráneas. Parte de nuestra discusión giraba en torno a un film de Tsai Ming-liang, ¿Qué hora es allí? Todo lo que puedo decir es que solemos cometer errores cuando pensamos y hablamos sobre películas extranjeras, pero eso no implica que no podamos aprender sobre éstas. Es un primer paso, aunque cometamos errores. Y claro está que soy un occidental. Y eso refleja mis elecciones. Pero, al mismo tiempo, me gusta pensar que, gracias a la cultura en la que estoy interesado y que Movie Mutations en parte intenta promover, vivimos en una especie de cultura global. Cuando se vive en una cultura semejante resulta vital y fundamental poder saber y ver a través del cine qué está aconteciendo en el mundo. Pues no tenemos muchas opciones, ya que no hay otros canales confiables para aprender respecto de lo que hoy está sucediendo en el mundo. Por eso, uno de los grandes problemas de la actualidad, propio de los países más grandes e importantes, como Rusia, Estados Unidos y China, es que éstos terminan encerrados y circunscriptos a sus propias dificultades. Y, por lo tanto, no son capaces de divisar otras problemáticas y otros países. Lo que lleva a una situación peligrosa si se tiene en cuenta el estado actual de nuestro mundo. Esto se refleja en cómo se ha percibido desde un inicio la guerra con Irak. Una comprensión errónea que jamás alcanza la posibilidad de reconocer la propia ignorancia. Lo que es mucho peor. Si de pronto alguien se detuviera y dijera: |
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