Revista La Rana
ENTREVISTA A SULTANA WAHNÓN (fragmento)

"No creo que Kafka previera exactamente Auschwitz"

Por Nicolás Magaril

Sultana Wahnón es Profesora Titular de Teoría de la Literatura y
Literatura Comparada en la Universidad de Granada (España).
Ha publicado los siguientes libros:
"Introducción a la historia de las teorías literarias" (Granada, 1991),
"Saber literario y hermenéutica" (Granada, 1991),
"Lenguaje y literatura" (Barcelona, 1995),
"Kafka y la tragedia judía" (Barcelona, 2003).


-Su estudio Kafka y la tragedia judía concilia dos enfoques críticos y metodológicos: una lectura literal de El proceso (que había reclamado, entre otros, Todorov para La metamorfosis) y una lectura en clave histórico-política (inscrita asimismo en una corriente iniciada por Hannah Arendt y desarrollada, entre otros, por Adorno, Steiner y Traverso). ¿Por qué esta combinación y qué consecuencias tiene?
-Mi libro surgió del intento de encontrar una respuesta al gran enigma de la novela: el del sentido del arresto y ejecución de Josef K. Muchos críticos antes que yo habían tratado ya de responder a esta pregunta, pero lo habían hecho de dos formas a mi juicio igualmente insatisfactorias: o negándole todo sentido al proceso sufrido por Josef K., etiquetado como absurdo burocrático, o buscándole un sentido oculto, alegórico, del tipo de expiación de una culpa simbólica, edípica o religiosa. Por mi parte, en cambio, estaba convencida de que el secreto del texto, si lo había, debía residir en su descuidada literalidad, y fue leyendo y releyendo el texto como empecé a percibir la necesidad de hacer una lectura en clave histórico-política, prosiguiendo así en la línea iniciada por Arendt, Adorno, etc. La principal consecuencia de esta lectura literal y política al mismo tiempo ha sido haber hecho posible por fin una rotunda declaración de inocencia para Josef K., quien queda así liberado de todos los cargos y todas las sospechas con que una crítica literaria convertida, velis nolis, en cómplice del tribunal, lo había venido castigando.

-¿Cómo leer a Kafka después de Auschwitz? Es decir, después de la abominable confirmación de su pesadilla de la historia.
-Yo no creo que Kafka previera exactamente Auschwitz, porque lo que llegó a ocurrir en los campos de exterminio fue, en realidad, algo que nadie fue capaz de prever, por muy pesimista que fuera o mucha imaginación que tuviera. Lo que sí entrevió, al hilo de los acontecimientos de que fue testigo, fue la posibilidad de que adviniera en la Europa civilizada un régimen político que, obviando todas las conquistas del siglo XIX en relación con los derechos humanos, volviera a hacer de los judíos europeos una víctima propiciatoria, situándolos al margen de la ley. El tribunal de El proceso es, desde luego, una prefiguración literaria de las futuras leyes de Nuremberg. Ahora bien, si Kafka fue capaz de entrever esto no fue porque poseyera cualidades mágicas o mistéricas, de profeta al estilo griego, sino porque era un gran conocedor de la historia y un magnífico observador del presente. En eso, y en su extraordinaria sensibilidad, consistía su don de la profecía, del que él mismo fue muy consciente.

-Kafka es, para muchos, el modelo del escritor abnegado, dispuesto a renunciar a todo para escribir, sencillamente porque no puede no hacerlo, dispuesto a impedir que lo domine el cansancio y a "lanzarse de un salto" a su narración corta, "aunque me despedace la cara". Pero, ¿cuál es la importancia del Kafka lector?
-Kafka es tan original que puede creerse que su arte nada debe a sus predecesores. Pero en realidad su narrativa no sería como es si Kafka no hubiera sido un gran lector, y no sólo de la literatura más moderna y vanguardista de su tiempo, sino también y sobre todo de la tradición literaria. A los griegos los conocía muy bien, y esto explica que algunos de los aspectos más importantes de su arte narrativo (por ejemplo, su tendencia a los finales concluyentes, en forma de muerte del protagonista) puedan entenderse a la luz de las convenciones de un antiguo género literario, el de la tragedia, que él habría renovado profundamente, tanto desde el punto de vista técnico como ético. Una de las tesis de mi libro es, precisamente, que Kafka releyó esas convenciones a la luz del nuevo concepto de lo trágico que Nietzsche había elaborado en su conocido libro, lo que quiere decir que, además de gran lector de literatura, Kafka era también un gran y asiduo lector de filosofía. Para quien lo dude, remito a las Cartas a Max Brod y a los Diarios, plagados de referencias y comentarios a lecturas muy diversas, que incluían también la Biblia.

 


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