Revista La Rana
Cuestionario LA RANA
Responde: NOÉ JITRIK


-¿Cuáles son para usted los escritores más importantes después de Borges? ¿Por qué?
-Creo que la noción de "importancia" ha cambiado radicalmente; Borges es tal vez el último en encarnarla pero después, y especialmente en la actualidad, lo que se considera son dos cosas: presencia y significación. En cuanto a lo primero, la presencia está dada también por dos categorías: lo mediático (es fatigoso hablar de eso y sobre todo hacer la lista de los personajes prominentes de los medios); en cuanto a lo otro, es lo sorprendente, aquello que de pronto rompe expectativas y hace un aporte a la literatura, no se limita a actuar sobre sus rasgos o deformaciones permanentes. En el primer aspecto hay mucho (los suplementos literarios giran como satélites en torno a escritores que venden mucho o que son apreciados en otras partes); en el segundo no tanto pero, en todo caso, quienes podrían ser incluidos no están en un parnaso como fue el caso de Borges aun antes de ser tan famoso (no hay más que echar un vistazo a la revista Sur para advertirlo); piden una lectura más atenta y silenciosa, hay que redescubrirlos en cada acercamiento. Podría decir que sería el caso de los libros más recientes de Juan José Saer (es previsible que diga eso), es el caso de Tununa Mercado (por otras razones también es previsible que lo señale), es el caso de escritores de nuevas generaciones, como Mario Goloboff, Guillermo Martínez, Eduardo Berti, Antonio Oviedo, Vicente Muleiro, Ricardo Piglia (debe haber unos cuantos más, pero esto no es un tratado sino una mera opinión) en cuanto a novela pero es lo mismo en poesía; recientemente se ha exaltado mucho, y con razón, a Juan Gelman pero debería considerarse en parecidos términos a Hugo Padeletti, a Leónidas Lamborghini, a Arturo Carrera, por no señalar más que algunos nombres que me son próximos. Pero hay que entenderlo bien: no son importantes en el sentido en que lo era Borges pero no porque no escriban tan bien como él sino porque los esquemas han cambiado, se ha masificado la existencia de escritores, se ha acentuado el individualismo, cada uno de ellos responde a poéticas disímiles y la situación social de la literatura no es la misma, por no decir que es mucho menos significativa, cosa que no permite, como ocurría entre Borges, Bioy, Bianco, Mujica y otros, agruparlos con facilidad. Exclusión hecha de los que tratan por todos los medios de treparse a la fama y a las ventas y cuya gloria es efímera, tal como lo prueba la suerte que corren los libros que ganan concursos de grandes sumas de dinero: es una noche de cheques y cenas y después muy poco o nada, la suerte implacable del olvido.


Borges

a) -¿Cuál cree que es el mejor libro de Borges? ¿Por qué?
-Sigo creyendo que Ficciones es el que más me dice o me atrae, no sé si es el mejor porque no se me ocurre cómo medir eso. Pero también me atraen los viejos poemas y cada artículo o ensayo me deslumbra, de modo que me resulta muy difícil tomar distancia. ¿Por qué me atrae? En parte por un efecto de seducción de lectura; en parte porque la inteligencia de los planteos me hace creer que también yo soy inteligente; en parte, porque la audacia en la transversalidad (cuentos que son filosofía, por ejemplo) tiene una gran trascendencia en la literatura contemporánea y, por fin, porque la explosión que realiza del saber común es francamente inesperada., no se le escapa nada y en cada línea que produjo hay una revelación. Que, siguiendo con la imagen precedente, me hace sentir un ser revelante, alguien capaz de salir de su ceguera intelectual para inteligir algo que quizás estuviera guardado en mí. Y que esperaba ser llamado para emerger.

b) -¿Cuál le parece el menos importante? ¿Por qué?
-Si por importante, ampliando la primera observación, se entiende que es algo que importa, habría que empezar por decir qué puede ser lo que "me" importa. A mí, a quien, como cantaría Daniel Santos, todo me importa. Así que no puedo responder que es esto o aquello, este o aquel libro. Sólo puedo decir que siendo siempre original y diverso también prosigue implacablemente las líneas que él mismo "se" había trazado, o que "lo" trazaron desde que empezó esa labor que no sabía que iba a durar más de 60 años. No he notado que haya habido desfallecimientos, pero sí repeticiones o reiteraciones u obsesiones pero eso no hace de un libro que sea inferior a otros en los que apareció primero lo que se reitera, repite u obsede.

c) -¿Qué opina sobre El tamaño de mi esperanza?
-No es ningún secreto que las ideas que recorren ese libro corresponden a la etapa nacionalista de Borges, contemporánea, sin embargo, de las revelaciones urbanas y lingüísticas que tuvo en el momento ultraísta. Fue producto de una preocupación, que atacó a muchos intelectuales, por saber qué era esa cosa que se llamaba el "ser argentino". Cuando percibió otros alcances de la pertenencia a un país, y que expresa en el muy comentado "El escritor argentino y la tradición", procede a un olvido deliberado y sistemático de lo que implican tales ideas. Sin embargo, esas ideas, que en boca de otros condujeron al criollismo, al populismo y al nacionalismo, le permitieron enfrentar con certeza y elegancia a la presuntuosidad española en materia de lengua en el todavía recordado "Las alarmas del doctor Américo Castro". Evidentemente, sabía de qué se trataba puesto que, si es verdad lo que se dice, le torció el brazo al castellano, le extrajo jugos que languidecían en el charco de la costumbre o la inercia.


Julio Cortázar

a) -¿Qué opina de Rayuela?
-En su momento me atrajo vivamente, hasta cierto punto me condicionó porque, por un momento, empecé a escribir como él, sin, por supuesto, lograr ese efecto de renovación que tuvo. Sus méritos residían más en el arrojo con el que enfrentaba a la novela tradicional en cuanto a discontinuidades, ritmos, configuraciones formales. Sin embargo, algo me disonaba ya entonces: era el prurito de distancia ideológica respecto de las clases medias, medias y tirando a bajas. Entonces, mucho en realidad no me importó y ahí quedó. Cuando lo releí recientemente, a propósito del vendaval de rememoraciones de que fue infatigablemente objeto, lo encontré envejecido, casi diría que complaciente, voluntarista, envuelto en una telaraña ideológica de distanciamiento culpógeno. En fin, se me cayó de las manos, tal como me había ocurrido con Los premios un par de años antes. No puedo dejar de decir que ese penoso sentimiento, porque lo admiraba como escritor y lo quería como persona, me afligió: o yo me estaba equivocando en el orden del sentimiento o la glorificación se equivocaba de tema. Pero así es la lectura: lo cambia todo y lo que era veneración en un momento se convierte en otro en desidia o, en el peor de los casos, en fastidio.

b) -Qué valor tiene para usted la obra cuentística de Cortázar?
-Ése es otro cantar: la perfecta economía, la precisión del núcleo, la delicadeza del trazo son únicos y hablan de una maestría fuera de serie, mayor, si hablamos del "género" cuentos, que la de Borges -cuyo valor es otro, más relacionado con lo metafísico-, y la de Quiroga, más apegada a referentes de experiencia que siempre son fugitivos. Sé que esta distinción se hace con frecuencia pero se reduce a un "me gustan más los cuentos que las novelas", lo que quiere decir poco. Me parece, por el contrario, que la estatura clásica de los cuentos equilibra el intento más vanguardista de las novelas o los textos chistosos (ver "cronopios" y demás), intento al que hay que reconocerle la audacia, es un arrojarse a terrenos desconocidos después de haber pisado tierra firme.

c) -En Crítica y ficción Ricardo Piglia escribe: "La conciencia estética de Cortázar, la imagen del escritor que construye su obra en la soledad y el aislamiento se fracturó, podría decirse, con el éxito de Rayuela, por un lado Cortázar se plegó al mercado y a sus ritos y en un sentido después de Todos los fuegos el fuego ya no escribió más, se dedicó exclusivamente a repetir sus viejos clichés y a responder a todas las demandas estereotipadas de su público". ¿Qué opina de esta afirmación?
-Con otro lenguaje y teniendo en cuenta otros aspectos, me parece que hay una coincidencia entre lo que afirma Ricardo y lo que he dicho en las preguntas precedentes. Hay que recordar, también, que si en mí ejerció una influencia, en el orden textual, también en él, pero más evidente: el primer título de La invasión, indudablemente cortazariano, sustituyó a Jaulario, que lo era todavía más. Pero tal vez, en lo que respecta a los cuentos, la afirmación es demasiado tajante porque, me parece, Cortázar "siguió escribiendo", en el sentido más puro de la expresión.


-¿Cree usted que este proceso (el efecto del éxito sobre la producción literaria) se da en otros escritores? ¿En cuáles? ¿Cómo?
-Hay éxitos y éxitos; están los que se persiguen obsesivamente, molestando a todo el mundo, no sé quién puede estar embarcado en una empresa semejante y cómo le va, y están los que siguen su camino y de pronto, milagrosamente, son leídos y estimados; ahí sí puedo dar ejemplos: el propio Borges, de quien hablamos, José Saramago, en una escala menor Juan José Saer, Sebald, Bernhard en su momento, Cortázar y García Márquez, por dar ejemplos bastante a la mano. Pero no es un tema que me interese mucho: siempre creo que la lectura es un milagro y que, como no se puede obligar a nadie a leer, hay que esperar a tener la suerte de Cervantes, tan celebrado y exitoso cuatrocientos años después.

-¿Considera que la obra de Leopoldo Lugones tiene algún valor en la literatura argentina? ¿Cuál?
-Lo tiene en varios aspectos: como poeta tiene momentos inolvidables, de inspiración, de perfección, de percepción; como cuentista es un precursor, pocas veces se ha escrito de manera tan precisa e inteligente y en el campo de la ciencia ficción, por ejemplo, en un momento en que casi todo eran balbuceos; por la riqueza y artificiosidad de su prosa (ver La guerra gaucha), por su sabiduría (ver su erudición helénica); por sus cambios políticos y sus transformaciones tan radicales y extremas (del anarquismo al fascismo); por su sentimiento de fracaso en relación con lo que era posible esperar de una labor intelectual y que lo iba llevando de un espacio a otro, furibundo opositor de izquierda, ideólogo de la extrema derecha. Todo eso obliga a considerar y a pensar y eso es sin duda un valor, aunque no en todos los aspectos sea un valor apreciable. También es un valor el hecho de que sea una figura dramática: se lo podrá poner en cuestión e incluso desollar pero lo que no podría hacerse es ignorarlo.

-¿Cuál es a su entender la importancia de la obra de Macedonio Fernández en la literatura argentina?
-Macedonio es un hecho decisivo en la literatura argentina: emergente de una sociedad tradicional, en el contexto de una literatura que se buscaba en las retóricas también tradicionales, brota con fuerza sin igual proponiendo una poética de vanguardia espontánea que lleva a entender su emergencia no sólo como un caso raro y excepcional sino como una bisagra: si no se percibe ese rasgo creo que no se entiende la posibilidad de poseer una literatura con marcas propias. Es claro que otra vez hablamos de importancia: desde el punto de vista de la importancia que otorga el conocimiento y la difusión de su obra y de la lectura de que es objeto, Macedonio tiene poca o ninguna: casi ilegible, distorsionante, sin temas "importantes", o se busca en lo que dejó o se lo ignora totalmente porque lo que para esa manera de ver las cosas se estima es otra cosa, bonita a veces pero fuera de un ámbito en el que la escritura descubre en la lengua lo que el sentido común no puede ver.

-¿Cuál es a su entender la importancia de la obra de Roberto Arlt en la literatura argentina?
-Por razones que no implican a ninguno de los tres nombres mencionados, sin Arlt la literatura argentina no sería lo que es: cierta libertad caótica, cierta intuición salvaje de cuestiones esenciales, la posibilidad, casi sarmientina diría, de construir desde una desértica nada de la cultura o, si decir esto es demasiado, con restos de cultura, todo eso es Arlt y su presencia le abre un camino a la imaginación literaria. Precisamente eso, que parece tan simple, hace que su obra siga en movimiento y permita actuar sobre ella con un aparato psicoanalítico o un sistema deconstructivo sofisticado. Otros quieren ver algo así como una actitud contracultural que pondría en evidencia una línea o una tradición opuesta a la que caracterizaría a Borges: puede ser pero es, como diría Borges, poco interesante; más, creo, es tratar de comprender una energía y seguir el rumbo que indica y no ponerle una etiqueta.

-¿Qué obra de la literatura argentina, además de la de Borges, considera usted que tiene valor para la literatura occidental?
-En su momento el Facundo incidió, tal vez por lo que tiene de menos memorable, en el pensamiento y la expresión americana por lo menos; en menor medida el Martín Fierro, fue una importante carta de presentación de lo que podríamos llamar el "genio argentino". Después no sé. Salvo, desde luego, Macedonio Fernández por su carácter de precursor de problemas literarios que adquirirían todo su peso muy posteriormente, en el auge y reinado de la teoría. Pero, como suele suceder, la vinculación no se hace sino muy lentamente y el reconocimiento tarda, sobre todo por el aislamiento de la obra de Macedonio y porque se ha llegado a establecer un elenco de temas, que están contenidos en su obra, por otros caminos que, por cierto, él no transitó ni conoció.

-¿Cuál es su opinión acerca de la obra de los escritores más jóvenes de nuestra literatura?
-Reconozco una habilidad muy grande para organizar relatos y, complementariamente, cierta sabiduría literaria que en el momento en que yo empecé a escribir no se distinguía en los jóvenes. Me da la impresión de que, voluntariamente o no, se inclinan por modos de narrar a la norteamericana, o sea en los que predomina el tema "interesante" por sobre eso que llamamos "escritura". Serán los aires de la época, será la incidencia irresistible del mercado, será un deseo de comunicabilidad garantizada, o todo eso junto, lo que gran parte de lo que se publica persigue. Hay que hurgar un poco para percibir otras búsquedas o búsquedas de otro signo, que las hay sin duda.

-¿Cuál es su opinión sobre la obra de los siguientes escritores?:
-No tengo tantas opiniones y no puedo hacer una historia de la literatura argentina enhebrando con habilidad opiniones sobre tan connotados autores.

-Adolfo Bioy Casares
-Creo que La invención de Morel es un hito y es indispensable. El resto tiene otros alcances; es inigualable su modo de jugar con lo que otros toman solemnemente en serio.

-Antonio Di Benedetto
-No es ningún misterio que Zama es un gran texto. Además, fue un objetivista anterior al objetivismo y, en todos los casos, un escritor refinado y dramático.

-Rodolfo Fogwill
-No he leído casi nada de sus textos; sus declaraciones agresivas me dejan frío.

-Witold Gombrowicz
-Leí Ferdydurke casi cuando apareció la versión en castellano; muy posteriormente Trans-Atlántico y las obras de teatro. Me deslumbró. Sentí que rompía todos los límites y se atrevía, en un gesto vanguardista muy radical, a poner todo el orden convencional patas para arriba.

-Osvaldo Lamborghini
-Toda la brutalidad sin recato que muestra en sus textos me asombró y, al principio, me chocó, cuando movido por la atmósfera que se creó a su alrededor lo empecé a leer. Años después la brutalidad me importó mucho menos que la "fuerza" y un imaginario desbordante, irresistible, un fenómeno casi equivalente a lo que pudo ser la irrupción de un Sade en la tranquila literatura francesa.

-Leopoldo Marechal
-Me interné, apenas comenzaba a creer que podría hacer algo en literatura, en el Adán Buenosayres, y quedé muy prendado, aunque con reservas ideológicas pero, en todo caso, admirando un poder, casi un paisajismo. Lo que siguió, simbólico o esotérico, me dijo mucho menos pero su poesía precedente, de la época ultraísta, me había parecido muy sutil, coherente con la maestría de sus compañeros de generación que, es bueno decirlo, constituyen un momento de madurez de la literatura argentina.

-Ricardo Piglia
-Sigo con afecto e interés lo que produce: La ciudad ausente me parece un texto muy inteligente, muy imaginativo. Es uno de los pocos escritores argentinos que unen su veta de narrador con preocupaciones teóricas muy originales. Es uno de los pocos que se atreve a narrar ideas, que las tiene muchas. Ver para advertirlo El último lector. Pero habría que acercarse a cada uno de los textos para hallar la cifra de su propuesta, entre narrativa, intelectual, política y teórica.

-Manuel Puig
-No comparto la adoración que suscita su obra. Me parece un excelente artesano que manejó siempre un mismo esquema narrativo.

-Ernesto Sábato
-Nunca me interesó demasiado: es un ejemplo de filosofía trivial y de presunta trascendencia.

-Juan José Saer
-Creo que ha sido uno de los mejores de las últimas tres décadas: poseedor de un programa narrativo preciso supo afinar su modo de narrar hasta un paroxismo impresionante.

-Rodolfo Walsh
-Creo que ha sido objeto de transferencias de uno a otro campo que frecuentó: la "non-fiction", en la que fue un maestro, la denuncia política, de una enorme valentía, y la narración. Si además se considera que su terrible muerte obliga moralmente, los juicios que se puedan tener sobre su obra literaria están muy condicionados. Leo sus cuentos y me gustan mucho: son económicos, refinados, en los que la experiencia vivida está atravesada por un saber literario indiscutible. Pero no creo que haya llegado el momento de acercarse a su narrativa con la libertad con la que leemos la obra de Bioy o de Gombrowicz.

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