Cuestionario LA RANA
Responde: CARLOS GAZZERA
-¿Cuáles son para usted los escritores más importantes después de Borges? ¿Por qué?
-No creo que haya, en la Argentina, un "solo" escritor después de Borges. El caso de Borges es único para nuestra literatura y tiene esa marca de lo infrecuente, de lo irrepetible en una literatura: como Shakespeare, como Goethe, como Dante, como Edgar Allan Poe, como James Joyce, Borges es eso, una literatura completa. Creo que semejante fuerza de atracción no ha podido ser compensada en la literatura argentina. Creo, sí, que a semejante vacío le ha seguido una importante constelación de autores que debaten el legado de lo generado por Borges en nuestra literatura.
Hoy, a diferencia de lo que ocurría a fines de los '80 y principios de los '90, todos se han dado cuenta de que Borges construyó para nuestra literatura una literatura completa, capaz de armar "una máquina de leer". No todos se han dado cuenta de que la matriz de nuestra literatura se forjará -habría que ver qué tomó el propio Borges de nuestro pasado literario- sobre nuevas máquinas de leer. En ese sentido, pienso que Ricardo Piglia, Juan José Saer y Andrés Rivera fueron los primeros en proponer "máquinas de leer", en cierto modo, autónomas de Borges, pero absolutamente en tensión con el universo borgeano. Algunas de esas tentativas perdurarán, otras se desvanecerán. Por ejemplo, pienso en La ciudad ausente en Piglia, en Glosa de Saer, en La revolución es un sueño eterno de Rivera. Creo que esas narraciones quedarán... Quedarán como hitos de un intento.
-¿Cuál cree que es el mejor libro de Borges? ¿Por qué?
-Me resulta muy difícil decir cuál es el mejor libro de Borges. Se me ocurren varios y cada uno de ellos podría decirse, es el mejor de un período. Pero arriesgo algunos: Fervor de Buenos Aires en sus inicios, Los conjurados en su madurez. El Aleph es inconmensurable.
¿Cuál le parece el menos importante? ¿Por qué?
-No sé si el menos importante, pero el que me parece el menos interesante es Atlas...
¿Qué opina sobre El tamaño de mi esperanza?
-Desde la perspectiva de alguien que estudia la literatura, de alguien que estudia la obra de Borges, opino que es un libro impecable para comprender su evolución, su obra posterior. Sin embargo, creo que para un público más amplio este libro dice más bien poco de por qué Borges es el más grande de los escritores argentinos del siglo 20. Hay autores y mejores libros que han tratado con más solvencia que el propio Borges lo que ese libro trata o polemiza. Sin embargo, es allí, en ese opúsculo, en donde se pueden apreciar ya ciertas inflexiones del Borges ensayista, del Borges de libros como Otras inquisiciones y El hacedor.
Qué opina de Rayuela?
-Yo nací en el '64 y la generación de mis padres estaba obnubilada por Cortázar y por Rayuela. Según me cuentan, mi vieja me leía cuentitos infantiles y de noche, mientras me hacía dormir, fragmentos de Rayuela. No sé si porque ella -mi vieja- intuía cierta capacidad somnífera del libro o por alguna íntima razón, lo cierto es que nací-con-la-rayuela... Y entonces, ¿qué más puedo decirle que no me exponga a una interpretación psicoanalítica? Creo que Rayuela en un tiempo volverá a ser leído como lo es hoy Museo de la novela de la eterna, como un libro extraño, como un libro que habla de eso que alguna vez fuimos los argentinos. Pero por ahora es un libro "ilegible" en su totalidad.
¿Qué valor tiene para ustedes la obra cuentística de Cortázar?
-Los cuentos de Cortazar son impresionantes. Si alguien quiere escribir en español, viva adonde viva, debe leer a Cortázar. No por la lengua cortazariana sino por el mecanismo narrativo que Cortázar construye en sus cuentos. Eso para un público culto. Para un público lego, Cortázar entretiene, conmueve, moviliza el pensamiento, compromete al lector a sacar conclusiones. Lo transporta a mundos paralelos. Un lector común infiere que los cuentos de Cortázar son literatura porque sabe que allí hay algo más, hay un mensaje que lo mueve a la pasión, que lo saca a uno de la modorra. Y si esa no es la función de la lectura literaria, ¿para qué leer literatura? Mire TV, lea revistas de actualidad y quédese tranquilo que lo bruto le viene solo.
En Crítica y ficción Ricardo Piglia escribe: "La conciencia estética de Cortázar, la imagen del escritor que construye su obra en la soledad y el aislamiento se fracturó, podría decirse, con el éxito de Rayuela, por un lado Cortázar se plegó al mercado y a sus ritos y en un sentido después de Todos los fuegos el fuego ya no escribió más, se dedicó exclusivamente a repetir sus viejos clichés y a responder a todas las demandas estereotipadas de su público" ¿Qué opina de esta afirmación?
-Estoy de acuerdo con lo que dice Piglia. Creo que es cierto, pero con lo que no estoy de acuerdo es con el tono de inflexión con que se leyó eso en los '80. En ese momento, Piglia como tantos otros escritores de su generación creían que el "mercado" era un disvalor. Piglia no afirmaría eso hoy con el mismo tenor de aquellos años. Por lo pronto Cortazar nunca hizo el papel de subirse a un escenario y agarrar un cheque de 40 mil dólares gigante y sonreír como sonreía él, sin creérsela, como no se la creía él esa noche del Premio Planeta. Después, eso resultó mucho más falaz cuando se comprobó en las audiencias del juicio que le hizo Gustavo Nielsen, que el verdadero cheque, el "chiquito", el que debería haber pasado por caja "de verdad" no lo recibió nunca, y por eso se sabe hoy que fue un verdadero circo. Dicho esto, creo que a Cortázar lo alcanzó una época llena de prejuicios, llena de efectos colaterales presionando sobre la literatura; lo afectó su generosidad y sobre todo luchar con una lengua que no le era propia. No hablo del francés. Hablo de una lengua latinoamericana for export, llena de tropicalismo y de realismo mágico. A Cortázar lo jodió tener que jugar de latinoamericano y no de argentino-argentino...
¿Cree usted que este proceso (el efecto del éxito sobre la producción literaria) se da en otros escritores? ¿En cuáles? ¿Cómo?
-Observo que las nuevas generaciones tienen menos prejuicios respecto al éxito de mercado. En primer lugar el éxito de la crítica no es nada si no es un éxito de mercado. Lo que ocurre es que aquí, en nuestro país, creo, siempre se trató de escindir, de separar el mercado de la consagración. Y como alguna vez sugirió Gombrowicz, lo que ocurre es que un paquete de señorones hizo de la literatura un espacio de autorreferencialidad que alejaba a la gente de los libros, y por eso inventaron el justificativo de que lo bueno en literatura debía estar separado de las ventas. Una farsa. En los setenta se demostró que la buena literatura se podía vender en los quioscos. En realidad eso ya había ocurrido con la editorial de Antonio Zamora en los '30, '40 y '50, con empresas culturales, como Sur y las traducciones que ese grupo impulsó.
Pero la lógica de Piglia aplicada a Cortázar y Rayuela es aplicable quizá a otros escritores. Es muy difícil poder sustraerse a esas instancias, pero por otro lado ¿qué tiene de malo tener éxito de ventas, éxito de reconocimiento? Muchas veces me pregunto ¿de dónde salió ese mito de que la literatura cuantos más secreta es, más importante? Pero cuidado, que se venda masivamente no quiere decir que una obra literaria sea execrable o que un escritor por ser un best seller deba repetirse. Por suerte el valor de la lite-ratura tiene que ver con la capacidad de interpelación que una obra deje para el futuro, de las claves que proponga para que nuestro imaginario pueda incluirse en este universo expansivo que es una obra de arte.
¿Considera que la obra de Leopoldo Lugones tiene algún valor en la literatura argentina? ¿Cuál?
-El valor de un fósil. Lo mejor de Lugones hoy son sus polémicas, sus diatribas y sus cartas a "Aglaura", el joven amor por el cual se suicidó en 1938, Emilia Cadelago. Todo esto dicho a pesar de que se sigan publicando libros, ensayos, biografías, novelas, etcétera. Lugones es un fósil del que nadie puede leer para hacer literatura. Solo los profesores que enseñamos literatura argentina vamos a esa tumba a escarbar su osamenta.
¿Cuál es a su entender la importancia de la obra de Roberto Arlt en la literatura argentina?
-La obra de Roberto Arlt constituye una de las vertientes más importantes de nuestras letras. En él, en sus narraciones, en sus obras de teatro, en su imaginería está lo que somos los argentinos, narrados desde una óptica única. Arlt es lo que los argentinos somos: ese magma de contradicciones, el Astrólogo, Erdosain, pero también Silvio Astier, sobre todo cuando traicionamos...En definitiva, Masotta tenía razón cuando dijo "Arlt, yo mismo"; quería decir, "Arlt, nosotros mismos". Lo que pasó es que Masotta era muy inteligente para botonearnos... Pero ése era el mensaje de Masotta al leer a Arlt.
¿Qué obra de la literatura argentina, además de la de J. L. Borges, considera usted que tiene valor para la literatura occidental?
-De la literatura argentina diría que la de Juan L. Ortiz y la de Macedonio Fernández en el siglo 20. Del siglo 19, seguro, la de Sarmiento. Pero ahora que contesto de qué modo la de Borges ha sepultado a estas obras. Fíjese de qué modo Harold Bloom introduce en su canon de occidente a Pablo Neruda. Sinceramente, me parece una exageración si se compara esa obra con la de Juan L. Ortiz. Neruda es un poeta menor si uno lo compara con Juanele, sin embargo, cómo decirle a ese bisonte de Yale, "¡Eh! Mire. Aquí hay un poeta-filósofo que escribió más de mil páginas pensando un universo inconmensurable". ¿Cómo hacer, dígame usted?
¿Cuál es su opinión acerca de las obras de los escritores más jóvenes de nuestra literatura?
-El año pasado presenté una ponencia en un Congreso de Mar del Plata, introductoria a un trabajo de investigación que trato de poner en marcha con un equipo de investigación en la Universidad de Villa María. Digo esto, porque voy a hablarle desde esa lectura y desde ese trabajo de investigación. Sin duda, no hay aún una nueva generación afirmada. Creo que está muy en firme su constitución, pero muchos de ellos no quedarán. Muchos de ellos no han resistido el transcurso de los años. Daniel Guebel, Alan Pauls, Rodrigo Fresán, son intermitentes. ¿Qué quiero decir? A principio de los 90 parecían llamados a renovar la literatura argentina, pero nada... El premio Herralde de Novela para El pasado de Alan Pauls no dice mucho en este sentido, salvo que vuelve a colocarlo en el centro de un grupo de escritores que lo respeta y nada más. Aún lo mejor sigue viniendo de la generación ante-rior. Sin embargo, quiero afirmar algunos nombres de esa generación: Carlos Gamerro, Martín Kohan, Jorge Accame y Marcelo Figueras son nombres por los que me juego, dejarán huella en las letras. Ellos, creo, van a ir un poco más allá que otros de esa generación. A otros, a los que aprecio y quiero entrañablemente, tendremos que verlos actuar, escribir. ¿De Córdoba? Pongo atención en Andrés Dapuéz y Andrea Guiu. Y con los últimos premios en Hernán Arias y pongan atención en Iván Ferreyra que, si logra vencer la tentación de confundir "pose" de "actitud", será una de las interesantes voces literarias de la presente década.
Cuál es su opinión sobre la obra de los siguientes escritores:
Witold Gombrowicz
-Me parece provocativa. Creo que en su Diario podemos encontrar reflexiones sumamente interesantes sobre el arte, la literatura, la filosofía, la vida, el sexo, el amor... Y todas ellas abiertamente impugnadoras a nuestra moral pacata y "buenas costumbres argentinas". Es un escritor que invita a pensarnos como extranjeros de nosotros mismos.
Osvaldo Lamborghini
-Su obra más importante es El fiord y algo de Sebregondi retrocede. El resto me parece francamente aburrido, sobredimensionado. Me parece más importante su hermano Leónidas que él. Osvaldo es más un personaje del mundo literario que un gran escritor... Diría: un sobrevaluado.
Rodolfo Walsh
-Un gran escritor. Es una exageración decir con Ana María Amar Sánchez que Walsh se anticipa por algunos años al non-fiction de Truman Capote. Hizo una narrativa importante, e inversamente a lo que ocurre con Osvaldo Lamborghini: Walsh suele estar subvaluado. Es uno de los grandes narradores de cuentos de este país y se merecía haber podido vivir para esa novela que intentaba escribir cuando sobrevivía en la clandestinidad y que los terroristas del asesino Astíz y la ESMA nos privaron de leer.
Manuel Puig
-Un gran escritor. Pero a mí, salvo dos o tres cosas, me aburre hasta el bostezo. Lo mejor: sus obras de teatro y sus proyectos fílmicos. Graciela Goldchluk acaba de publicar el primer tomo de sus cartas que se titula Querida familia. Eso, verdaderamente, me interesa de Puig. Muy pocos manejan el diálogo como él -yo a eso lo entiendo y lo veo claro en su literatura -pero me aburren algunas de sus historias.
Antonio Di Benedetto
-Zama es una de las más grandes novelas de la literatura argentina del siglo 20. Cuando un escritor no sabe cómo resolver una situación narrativa yo le diría: "Recurra a Di Benedetto". En sus cuentos, en sus novelas, en sus artículos, uno puede aprender a cómo usar el lenguaje con el vigor y la templanza de las palabras justas. Eso es lo que enseña Di Benedetto: la templanza de la palabra.
Juan José Saer
-Me gustan mucho algunas cosas de Saer: Las nubes, Cicatrices, Glosa, Nadie nada nunca, El limonero real... En fin, novelas y cuentos. Sus ensayos y sus notas periodísticas me parecen flojos, banales y algo inconsistentes.
Ricardo Piglia
-Ya he hablado demasiado de él. No puedo agregar nada. Espero, sí, que siga escribiendo ficción y deje de decirnos qué leer y cómo leer. Su último libro, El último lector es interesante y tiene momentos muy lúcidos pero ya está. Ahora, ficciones.
Rodolfo Fogwill y César Aira
-Los leo. A veces los disfruto. Hablaré de ellos cuando lo considere pertinente y no un efecto de las modas.
|