Revista La Rana
Nota sobre Malcolm Lowry (fragmento)

por Nicolás Magaril


    En 1927 Lowry se puso de acuerdo con su padre, un próspero comerciante de Liverpool, para trabajar como voluntario en un transatlántico con destino a Japón. La prensa local dio breve cuenta de la extravagancia del joven, que llegó al muelle en limusina, lo cual levantó suspicacias de clase entre la tripulación, aunque él declarara antes de zarpar: “No silk-cushion youth for me. I want to see the world, get some experience of life before I go back to Cambridge”. De esa primera incursión marítima a los dieciocho años, útil y menos romántica de lo esperado, resultó Ultramarine, nouvelle experimental sobre el viaje iniciático de Dana Hilliot entre hombres duros y a veces mezquinos. Tal sería su método de trabajo de allí en adelante: la proliferación narrativa a partir de un núcleo autobiográfico. Al margen del tremendo anecdotario etílico que hizo la leyenda de Malcolm Lowry (una buena síntesis puede leerse en Vidas escritas de Julián Marías), el interés que despierta su biografía no es más o menos auxiliar, sino que se sobreimprime al que despierta su obra –construida, como señaló Stephan Spender, “by piecing together situations which are self-identifications”.
    En 1930, mientras cursaba en Cambridge y trabajaba en Ultramarine, Lowry se apuntó como ayudante de fogonero en un buque a Noruega para conocer al escritor Nordahl Grieg: de allí surgió In Ballast to White Sea, y el retrato de un álter ego con el cual llegó a sentir especial afinidad: Erikson. Después estuvo un tiempo en Londres (mayormente en las tabernas del Barrio Latino) y en 1933 viajó con su tutor Conrad Aiken a Granada, donde conoció a Jan Gabrial, una actriz norteamericana. Se casaron en París al año siguiente y de ahí pasaron a Nueva York, ciudad en la cual “puede resultar notablemente difícil colocarse del lado adecuado de la propia desesperación”, según le escribió a un amigo. El alcoholismo de Lowry ya era preocupante en esos años y se internó en un manicomio de Manhattan: una “peregrinación deliberada”, reconoció después, en busca de materia prima para el relato que finalmente se tituló Lunar Caustic, sobre un alcohólico inglés llamado Bill Plantagenet, que se interna deliberadamente en un hospital psiquiátrico buscando menos un tratamiento que algo como “el significado de la muerte”, de la cura, la locura, la visión, la pesadilla, la bondad, o tal vez “una manera curiosa de conocer Estados Unidos”. El matrimonio se mudó a Los Ángeles unos meses y entró a México el 30 de octubre de 1936 por el puerto de Acapulco en el S.S. Pensylvania. Se instalaron en la ciudad de Cuernavaca. Yendo de excursión a un jaripeo en un pueblo de las inmediaciones encontraron a un indio de la zona agonizando junto a su caballo al costado de la carretera. Este incidente derivó en un cuento que se convertiría en el capítulo ocho de Under the Volcano y en el cual hizo su primera aparición el gran personaje Geoffrey Firmin, ex Cónsul británico en “Quauhnáhuac” (toponímico azteca preferido por Lowry en vez de su deformación fonética durante la Conquista para Cuernavaca, y que significa “cerca del bosque”). Lowry se había encontrado en México con un paisaje grandioso de volcanes, bosques y barrancas, palacios y jardines coloniales, una coyuntura política postrevolucionaria esperanzadora y compleja (que captó inmediatamente e integró al contexto internacional), una religión que, dijo, “rudimentariamente podríamos describir como una religión de la muerte”, con el muralismo, con una verdadera cultura comunitaria de la cantina y con el mezcal, en el cual, dijo también, “radica el principio de esa fuerza divina o demoníaca de México”. Lowry se sabía siguiendo a su manera la ruta de Ambrose Bierce (desaparecido en Chihuahua en 1913 con alguna facción de la División del Norte), de Hart Crane (que saltó al Golfo de México desde el barco que lo llevaba de vuelta) o de D.H. Lawrence (que concibió en Sayula descripciones de intensidad magistral y abstrusas plataformas de regeneración ritual neo-azteca y proto-fascista), entre otros escritores de habla inglesa para los cuales esa “fuerza divina o demoníaca” había sido extrema en cualquier sentido. Previsiblemente, el matrimonio no prosperaba, y Jan Gabrial lo dejó. Entonces, después de una despedida patética en México D.F., Lowry tomó una decisión que calificaría de “cruelmente constructiva”: irse a Oaxaca (donde le dijeron que se destilaba el mejor mezcal del país). Se hospedó en el mismo hotel en el cual Lawrence había concluido The Plumed Serpent, bebió lo suficiente como para liquidar cualquier otro organismo (fue proverbial su capacidad de resistencia y de recuperación), recorrió la sierra a caballo con su amigo medio zapoteca Juan Fernando Márquez y terminó en la cárcel, víctima de una especie de psicosis de espionaje, persuadido de que lo vigilaban los sinarquistas de la Unión Militar financiada por Franco y Hitler para conspirar contra la reforma agraria de Lázaro Cárdenas y sabotear el funcionamiento del Banco Ejidal (es decir, los mismos que, en Under the Volcano, pretende denunciar Hugh con su último telegrama antes de renunciar al “Globe”, los mismos que acaso balearon al indio de la carretera mientras iban de camino al rodeo en Tomalín, y que finalmente asesinan al Cónsul frente a la cantina “El Farolito” en Parián, acusándolo de “Bolcheviski prick”, “member of the Brigade Internationale”, “spider” y “Jew chingao”. El Banco Ejidal, por su parte, tendrá cabida en la novela: Juan Cerillo, el oaxaqueño que había conocido Hugh en España durante la Guerra Civil, trabajaba entregando los créditos agrarios al campesinado, y está inspirado también en la figura de Juan Fernando Márquez). Lowry logró salir de México en julio de 1938, en un estado calamitoso a juzgar por una famosa carta de SOS que le mandó a John Davenport, y con el germen de lo que, después de siete años de trabajo diario, sería una obra maestra.

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